Entradas recientes

Archivo del blog

martes 6 de diciembre de 2011

Juntajoyas. ¿Primera parte?

La primera conferencia era a las cinco de la tarde, como los toros.

Marga ya estaba en el hall del hotel ojeando una revista que hacía juego con el conjunto de sofás donde estaba sentada, brillante, enorme, muy aparente, nueva y de mala calidad. Se descubrió repasando con el dedo los aceitosos abdominales del típico modelo de perfume masculino saliendo del agua, y pasó la página. Mientras leía el siguiente titular sin enterarse de su contenido pensó en que Toni estaba tardando una barbaridad y que, aunque no sabía muy bien qué hora era, lo más seguro es que llegaran tarde. No era lo que ponía en la revista pero ella leyó: "Toni se ha quedado dormido, echando la siesta". Sin embargo la puerta del ascensor se abrió y Marga se olvidó de buscar el móvil en el bolso para llamarle.
- Perdona - dijo él - la verdad es que ya había salido al pasillo cuando tuve que volver para coger la cartera que había dejado en el otro pantalón y luego no me abría la puerta con la tarjeta y... bueno, ¿llevas mucho esperando?
- No, que va. Estaba entretenida leyendo una revista, esos sofás son bastante cómodos. Ni me he dado cuenta de la hora. Si no llegas a bajar lo mismo me quedo ahí toda la tarde.

Saludaron a la recepcionista y Toni le abrió la puerta del hotel a Marga echando al salir una furtiva mirada a los sofás y a la revista que estaba a punto de resbalarse del asiento de uno de ellos. No sabía si serían cómodos pero horrorosos y poco agradables para la lectura lo eran un montón.

Con el dinero de la dieta habían hecho cálculos y podían permitirse aquel hotel si para las comidas ponían un poco de su bolsillo. Era el único hotel que quedaba a diez minutos andando de la sala de conferencias, los demás estaban bastante lejos y habían estado de acuerdo en que desplazarse en coche por aquella ciudad no era nada práctico, y menos ida y vuelta dos veces al día a las conferencias de la mañana y a las de la tarde. Así que como "la empresa", como la llamaban ellos, no les había dicho en qué o cómo gastar el dinero que les habían ofrecido como compensación por ir al culo del mundo en el peor momento del año a representar a la institución, ellos habían decidido invertirlo en comodidad de desplazamiento y ya verían cómo, cuándo, qué y dónde comían.

Durante el paseo hablaron de lo que iban a escuchar, con toda seguridad nada nuevo, fundamentalmente aburrido y con apenas dos o tres apuntes de novedades y enseñanzas interesantes para llevarse a casa. En esa mínima posibilidad se apoyaban y por eso Marga llevaba una gran agenda en el bolso y Toni un microtablet que le cabía en el ancho fondo de los bolsillos horizontales de su abrigo.
- No es mala idea - le había dicho Marga cuando se enteró - yo me llevaría uno, pero no me veo capaz de ir tan rápido con uno de estos como tomando apuntes o... - se le abrieron los los ojos y puso la boca de sorpresa- ...¿vas a grabarlo?
- Podría - dijo Toni, como si no hubiera caído en ello - pero la verdad es que tengo un juego muy bueno, mezcla de crucigrama y juntajoyas que pienso sacar como en la primera media hora no me enganche.
Marga se hizo la ofendida.
- Capaz serías - y aumentó su indignación - además de no tenerme en cuenta para nada a mí. Yo ahí, escuchando el tostón y tú con la maquinita jugando. Mira...
Marga hizo una pausa dramática que llamó la atención de Toni. Éste sabía que lo que venía a continuación aún con el mismo tono de chanza, había que tomárselo mucho más en serio de lo que parecía, algo en su interior se lo decía a voces.
- ... como se te ocurra hacer una cosa así no te vuelvo a dirigir la palabra en toda la semana.
- Bueno mujer, no te pongas así, me has convencido. Ya se me ocurrirá algo para entretenerme y que no te deje a ti apartada.
- Eso espero - concluyó Marga con un divertido mohín, ya a la puerta de la sala donde una única azafata les esperaba a todos los que iban llegando para darles una minúscula credencial que les pinzaba en la solapa o donde a la pobre y sobrepasada mujer se le ocurría - es lo menos que puedes hacer.
De camino a sus asientos Marga, delante de Toni, retocándose la tarjetita de la credencial llegó a la fila que les tocaba, se hizo a un lado e indico con un gesto a Toni que fuera el primero hacia la butaca.
- Pasa - dijo ella casi imperativamente, y cuando él pasó a su lado, mucho más bajito pero igual de enérgico y recriminatorio - jun-ta-jo-yas.

Marga y Toni, ya en sus respectivas butacas, descubrieron la profundidad de la mala decisión de la institución organizadora de planificar un evento como aquel en aquella ciudad, en aquel lugar y en aquellas fechas, la sala apenas albergaba un tercio de su aforo. Los brazos de la crisis eran muy largos y poco acogedores. Los oyentes, los participantes, venían en representación de su centro de trabajo de modo unipersonal y muy pocos llegaban en parejas, que era lo que hasta no hacía mucho tiempo se estilaba en este tipo de convenciones, una pareja por centro. Lejos de sentirse afortunado Toni comenzó a incomodarse un poco al ver llegar algunas caras conocidas de otras ocasiones y cómo éstos le miraban a él con el guiño de ojos de "te conozco de otra vez pero no me acuerdo bien" acompañados solo por el consabido, ridículo y titubeante saludo con la cabeza que todos se dedicaban.
Marga se rió detrás de la palma de su mano.
- Esto lo he visto yo en una peli de risa. Todos sin hablarse y saludando solo con la cabeza.
Toni tuvo a su vez que esconder la cabeza ayudado por la penumbra para contener la risa.
- Joder, tía, casi nadie viene de dos en dos. Como se entere Felipe que podía haber mandado solo a uno le va a dar un algo.

No tardaron mucho en llegar las presentaciones, los agradecimientos y el primer ponente. Marga y Toni en sus respectivos asientos estaban centrados en la sala y formaban una pequeña isla de dos personas porque al más cercano de sus compañeros de graderío lo tenían a dos filas y tres butacas.
- Vaya, no voy a tener más remedio que escuchar - dijo Toni acomodándose para prestar atención - con lo buena ocasión que era ésta para jugar con la tablet.
Marga hizo como que no le había escuchado y abrió su agenda, sacó su boli y dejó su abrigo y el bolso en la butaca de al lado. "Mira- pensó- algo bueno tenía que tener esto de estar casi solos".

La primera ponencia, en realidad un informe introductorio de todo lo que iban a escuchar a lo largo de aquellas jornadas, con presentaciones de invitados, autoridades y grandes personajes vía internet, les reavivó aquellas esperanzas puestas en la posibilidad de que, después de todo, algo podían salir ganando. Toni incluso se animó a sacar su pequeño tablet e ir anotando alguna frase, cita, nombre o dirección de internet. Lo mismo hacía Marga. Hasta se intercambiaron alguna mirada de sorpresa y admiración por el inesperado desarrollo de la conferencia.

El segundo ponente les devolvío a la temida realidad y Toni acabó dejando a un lado su tablet mientras miraba como pasaban los minutos y el boli en la mano de Marga no se movía salvo para dar balanceados golpecitos al papel con el capuchón.

Había pasado más de una hora desde que se habían sentado allí y el silencio entre los dos lo rompió Toni.
- Una vez, este verano, en la piscina, te vi claramente un pezón.
- ¿Qué? - Marga estaba segura de haber entendido mal, al menos albergaba esa esperanza.
- No debías tener bien atado el bañador o quizá fue la postura en la que estabas, de lado a mí, el caso es que no pude por menos de echar un vistazo y lo ví claramente, casi asomando al aire.
- ¡Toni, qué...! - Marga se esforzaba por no subir mucho la voz.
Toni continuó como si nada.
- La verdad es que me sorprendió, no me lo esperaba así. Creía que podrían ser bonitos, tus tetas no merecen otra cosa, pero tu pezón era realmente precioso. De tamaño perfecto, redondito y un poco erecto por el efecto del agua fría.
- Pero, ¡qué dices!, ¿quieres callarte?, ¡me voy a enfadar!
- Hasta el color era perfecto, oscuro pero sin pasarse. No me gustan demasiado oscuros, ¿sabes? y los claritos todavía son como de adolescente. Por eso los tuyos, el tuyo en realidad -no te vi el otro- me parece de lo mejor que he visto.
- Toni, por favor, si sigues así me levantaré y me iré a otro lado a seguir la conferencia.
- Solo quería contarte lo que me gustó aquella visión, que no fue fugaz porque lo estuve observando, con intervalos para no molestar, durante algunos segundos. Fue el mejor momento de aquella tarde, porque estabamos muy sosos y preocupados con tonterías sobre las que no podíamos influir. Aquel maravilloso pezón se clavó en mi memoria y salvó aquella tarde y muchas otras más. Que sepas que tienes una joya, supongo que dos, claro, y lamentaría que...
Marga se volvió al asiento donde tenía sus cosas las cogió apresuradamente, se levantó en silencio y se desplazó con los brazos llenos hasta la última butaca de la fila, la que lindaba con el pasillo. Allí se sentó, dejó todo en el asiento de al lado y volvió a coger el bloc y el boli. Parecía interesadísima en la charla. En el monólogo.

Toni también siguió con simulada atención la conferencia pero no se movió de su asiento hasta el final cuando en medio de los aplausos -jamás hubo un público que fingiera tanto- se acercó con su abrigo al brazo hasta la butaca de Marga.
- Fue interesante, ¿no te parece?, me gustó eso del tercer punto, lo de "posibles remedios a posibles situaciones", aunque podía haber preparado algo que no fuera el típico PowerPoint, hoy en día se pueden hacer verdaderas maravillas con otros programas.
Marga lo miró primero con desprecio y después con desconfianza. Toni no pareció ver el adusto gesto de su compañera.
-Oye, ¿apuntaste la dirección donde lo tiene todo colgado? No te lo vas a creer pero me olvidé de cargar la tablet y me quedé enseguida sin batería.
Marga estuvo a punto de decirle "vetealamierda punto com", era la respuesta lógica, la que se merecía, lo que el cuerpo podría estar pidiéndole. Pero se puso el abrigo, guardó con parsimonia sus apuntes en el bolso y se dirigió a la salida con aquellos cuatro gatos que quedaban en la sala. Toni la siguió y por el camino continuó con el ritual del silencioso saludo cefálico a aquellos que conocía de vista.

En la calle se dirigieron juntos al hotel, Marga no abría la boca y Toni comentaba la charla y explicaba a quién había saludado y de qué le conocía o dónde creía haberle visto. De repente se paró, casi ya a la puerta del hotel.
- Marga, ¿estás bien?, te veo como desanimada. Reconozco que la conferencia no ha empezado con buen pie, pero la primera parte no estuvo mal. Quizá continúe por ese camino mañana, no perdamos las esperanzas.
Marga se sentía extraña, no comprendía aquella situación, aquel comportamiento.
- Toni, quizá yo mañana no vaya a ninguna conferencia...- inmediamente se arrepintió de haber dicho aquellas palabras.
- Está bien -dijo él- pero a lo mejor te pierdes cosas interesantes. No te preocupes en cualquier caso, ya anotaré yo lo mejor. A ver si me acuerdo de poner a cargar la tablet. Si te encuentras así de mal puedes quedarte sin problemas en el hotel.

Entraron al hall, saludaron a la recepcionista y llamaron al ascensor. Durante la espera Toni miró hacia aquellos monstruosos sofas brillantes y al pequeño montón de revistas que descansaban en una mesita.
- Mira, puedes quedarte toda la mañana aquí leyendo, estoy seguro que nadie te va a molestar en esa sala de lectura - Y no disimuló una contenida y muy pícara sonrisa dirigida hacia el suelo del ascensor.
Marga quiso contener la suya propia pero se le escapó un sonoro espasmo por la nariz que alegró el espejo y la mirada de Toni.

-En el pasillo de su planta cuando llegaron a sus habitaciones y mientras abrían sus puertas, Marga la suya sin problemas y Toni dándole catorce vueltas a la tarjeta de la suya, él la invitó a cenar. Marga entró en su habitación y no contestó.

Cinco minutos después Toni recibió un sms de Marga: "ok. a las 9. no me hagas esperar"
.

Buscar en este blog

Cargando...

Mi lista de blogs