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sábado 19 de noviembre de 2011

Lapsus

Siempre he sido muy dado a cometer lapsus, de todos los tipos teóricos posibles. Tanto al escribir, a mano o a ordenador, como al hablar (a veces hago unas frases imposibles que son la monda de mis oyentes) como de los peores, los de memoria, que son los que personalmente más me preocupan a mí. He llegado a pensar que mis problemas al escribir o al hablar podían tener algo que ver con una ligera dislexia, pero está claro que no. Lo mío, dicen quienes me conocen, es simplemente falta de atención. Yo les doy la razón por no discutir, pero también tengo muy claro que si quiero decir una cosa y digo otra, o con las letras cambiadas, o las palabras en orden inverso del que deberían tener, o elefante en vez de elegante y cosas por el estilo, y además lo hago muchas veces sin enterarme pero muchas otras pasando vergüenza porque me doy cuenta inmediatamente después, no va a ser solo falta de atención. Desafortunadamente ahora mismo no puedo poner ejemplos reales, salvo que no repase lo que escribo en este momento, lo cual, en primera instancia, no se parece mucho a esto que estás leyendo sino que posiblemente te resultaría completamente ininteligible (y a mí también).

En cuanto a los lapsus al hablar, doy fe que muchas veces resultan graciosos y mis alumnos y yo nos echamos unas buenas risas, por alguna razón siempre me lo perdonan e incluso si no me doy cuenta del error cometido me levantan la mano para corregírmelo, dando clase en un par de semanas se me conoce y saben que soy así, hablo mucho cuando doy clase, hablo muchísimo, no paro, algunas veces me equivoco; pero otras veces esos lapsus… no han resultado tan graciosos, en fin. Lo peor que me ha pasado alguna vez (y más de una) en ese sentido fue querer decir el nombre de una mujer y decir el de otra… sobran las explicaciones, por lo visto éste es uno de los lapsus que ocurre más a menudo, una putada para el infractor, doy fe.

Y qué decir de los lapsus de memoria, quien los haya tenido sabe que pocas cosas te dejan tan vacío por dentro como que alguien te comente algo que pasó, donde tu estuviste, que deberías saber perfectamente, que te implica personal y emocionalmente y tú, en ese momento, tengas que decir con humillante sinceridad que no te acuerdas o preguntar de qué se está hablando. Pocas cosas son peores para la autoestima, para la amistad, para el amor… Me pongo en el lugar del dolido y, el dolor me lo imagino simplemente insoportable.

Hace tiempo que, creo, repito, creo, no he tenido lapsus de memoria importantes, sin embargo de los otros dos que he citado aquí el número ha aumentado considerablemente, tanto de los lapsus a la hora de hablar como, sobre todo, los que cometo a la hora de escribir. Tanto es así que en mis peores momentos, sea el estrés, los nervios o vete a saber tú qué, son tantos los errores que cometo que intento por todos los medios escribir completamente a solas, por ejemplo en el trabajo, para que nadie piense que, sencillamente, no sé escribir. Porque eso es precisamente lo que parece y lo parece tanto que estoy empezando a sospechar que podría ser verdad. Si escribo a mano, en la pizarra, me dicto lo que escribo, así parece que lo hago para los alumnos, y aun así el número de errores que resultan de decir una cosa y escribir otra es impresionante. Pero eso no es nada, escribiendo al ordenador mi problema es complemente intolerable. ¡Con lo que yo era, que en mis tiempos alcanzaba las 300 pulsaciones casi sin errores! Ahora voy a dos dedos pulsando, sobre todo, más que ninguna otra, la tecla de retroceso… la tecla de borrado hacia atrás. Me equivoco de género, de número, en el orden de las letras, de las palabras, pongo tildes, incluso apóstrofos, donde de sobra sé que no van, se los quito a los que me sé de memoria que los llevan. Esta frase, este post, no lo he escrito de un tirón, apenas he escrito así, de un tirón, desde hace más de diez años y cuando lo he intentado por las prisas o la premura que requería la situación ha resultado un desastre mayúsculo con consecuencias terribles, para más de una persona.

Sí, soy consciente de que sé hacerlo bien, o casi, pero nadie se creería el tiempo que me lleva dejarlo todo a mi gusto. ¿Que se mire por donde se mire sigue siendo falta de atención?. No sé, lo dudo, ¿tanta es mi falta de atención? En cualquier caso, sea una cosa u otra, es evidente que tengo un problema. Ya, ya sé que no parece que tenga demasiada importancia. No lo parece… aquí, ahora.
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